La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda la lactancia materna en exclusiva por lo menos durante los seis primeros meses de vida del bebé. Pasado ese primer medio año, la recomendación es mantener la alimentación con leche materna y otros alimentos prolongando la lactancia como mínimo hasta los dos años de vida. Pero no menciona que no se pueda seguir dando el pecho al niño pasados esos dos años.

No obstante, por cuestiones culturales y sociales, son pocas las mujeres que prolongan tanto tiempo la lactancia. Muchas madres se plantean a partir de qué edad deben incorporar nuevos alimentos en la dieta del bebé. ¿Ha de esperarse a que le empiecen a salir los dientes o es mejor empezar antes? ¿Cuándo empezar a introducir trocitos de alimentos en las papillas? ¿Qué alimentos deben introducirse primero? ¿Cuáles más adelante?

Nuevas concepciones sobre el destete

Hace años los pediatras eran mucho más estrictos acerca de los plazos para iniciar la alimentación complementaria. También lo eran acerca de cómo debían de introducirse los alimentos, indicando incluso las horas del día a las que había que recurrir a una papilla o a otra. Hoy día se es mucho más flexible. Los estudios más avanzados han demostrado que no es tan importante ser minuciosos en el proceso, sino constantes, y que es bueno atender a las reacciones del bebé. De hecho, en este sentido de aprovechar los gustos del bebé y fomentar su interacción con la comida, hay nuevas tendencias radicales como el baby led weaning, en las que se procura que el propio bebé escoja los alimentos que se lleva a la boca.

¿Por qué comenzar con frutas y cereales?

Los pediatras recomiendan no introducir ningún alimento distinto a la leche antes de las 17 semanas de vida, pero tampoco esperar más de las 26 semanas para hacerlo. Lo que sí que no ha cambiado es el hecho de que las frutas y los cereales son los primeros alimentos distintos de la leche materna en introducirse en la dieta del bebé. Esto es así porque el sistema digestivo del bebé se encuentra más preparado para procesar estos alimentos antes de empezar a digerir carnes o pescados. En cuanto a las frutas, empezaremos por los purés, de inicio bastante licuados. No será necesario introducir agua, porque las frutas tienen un gran contenido de ella.

También es importante que no introduzcamos azúcar. La fructosa que contienen las frutas será suficiente para endulzar el sabor. Los niños tienen una alta sensibilidad al sabor dulce, por lo que es importante no exacerbar la presencia de azúcares en su dieta, incluso desde el primer momento de ella. Las frutas iniciales pueden ser la manzana, el plátano y la pera. Son frutas que no suelen plantear reacciones alérgicas y tienen sabores suaves, no como los cítricos, que pueden ser muy intensos para el bebé.

Se recomienda que la madre pruebe la fruta que le va a dar al bebé, para descartar sabores extraños o demasiado fuertes. Según la aceptación del bebé podemos ir introduciendo nuevas frutas con sabores más intensos, como la naranja. También la uva y el melocotón. Y también, muy poco a poco, iremos incrementando el tamaño de los grumos para estimular la masticación. El paso posterior será introducir trozos de la fruta en el puré, siempre mejor empezando por las que sean más blancas, como por ejemplo, las uvas.

En cuanto a los cereales, debemos tener en cuenta que según las reacciones del niño podemos saber si nuestro bebé es celíaco. Pero para no arriesgarnos, podemos empezar con papillas de maíz y de arroz. Estos dos cereales no tienen gluten y no será necesario que pongamos más que un par de cucharadas de estos cereales en el biberón de leche. Poco a poco aumentaremos la cantidad y pasaremos la papilla a un plato. Y a los pocos meses ya introduciremos cereales con gluten como la avena, el centeno, la espelta, el trigo o la cebada. Ahí es cuando tendremos que estar atentos a las reacciones del bebé para consultar con el pediatra si fuera necesario.

Las frutas y los cereales serán el primer contacto de nuestro hijo con la pirámide alimenticia. Insertando estos alimentos a partir de los cinco o seis meses, su aparato digestivo irá madurando para poder ingerir otros alimentos distintos a partir de los siete meses.

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